Ayer ya me lancé con la bici a una ruta más larga por Tierra de Barros, desde Almendralejo a Palomas. Tras un primer intento hace dos días fracasado al aflojarse el manillar (la vuelta fue un infierno) esta vez no hubo problemas logísticos para recorrer los 26 Km de Almendralejo a Palomas. La ruta es durilla porque es todo subidas y bajadas, aunque a la ida es más bajadas que otra cosa. Hacía el kilómetro 16 me cayó una buena granizada, un mal presagio para la vuelta. Llegué a Palomas después de correr lindas praderas verdes, salpicadas con olivos y bajo un cielo cubierto de nubes y claros especialmente llamativo. Pasé el puente por encima del embalse Alanje y después de subir una última colina, bajé hasta Palomas.
Palomas es un pueblo pequeño aunque bonito, con un río alrededor del cual hay un ecosistema interesante y un camino de tierra por el que se puede viajar con la bici. Fue 1h20m de ida hasta allí.
Comencé la vuelta hacía las 19:00 y nada más salir, las primeras cuestas duras. Las piernas iban de momento bien y la llegada de nuevo hasta el puente de Alanje no fue muy problemática. Sólo quedaban 20Km para volver a Almendralejo. Pero poco a poco el cielo se fue cerrando y comenzó el gran diluvio. Me fui calando poco a poco hasta los huesos y casi no veía ni la carretera. Un fuerte viento en contra hacía que la humedad se sintiera aún con más fuerza, y las cuestas cada vez más duras. Incluso un coche se paró a ofrecerme llevarme a Almendralejo a la vista del diluvio. Aunque le dije: “muchas gracias pero creo que aguantaré”. Aunque lo dije con la boca pequeña.
Hacia el kilómetro 13 dejo de llover y aproveché para parar y escurrir tanto la sudadera como la camiseta y me las puse al revés para tener en la parte delantera la parte más seca. Fui más animado hasta llegar al kilómetro 8, donde de nuevo comenzaban las dificultades por la subida sostenida hasta el kilómetro 5. Y lo peor es que comenzó de nuevo a diluviar. Las dudas sobre si aguantaría saltaron en mi mente y cada vez sentía más frío. ¿Cómo saldría de esta? No había otra. A pedalear y aguantar el frío y la lluvia. Fueron momentos duros pero finalmente logré llegar a Almendralejo y con las últimas fuerzas, hasta mi casa allí. Eran ya las 21:00. Dos horas de vuelta, casi el doble que a la ida. Me quité toda la ropa, me sequé, puse la calefacción y mi arropé con una colcha bien caliente. Y listo. Prueba superada. Hoy siento un poco de presión por el pecho pero no espero que sea nada grave. Creo que al final ha quedado épico y sin daños colaterales
¡Aunque hubo demasiado riesgo!
La próxima ruta ya tiraré de de Palomas a Alanje y volveré rodeando el pantano a Almendralejo, como me ha contando Palomo que hacía él.